Viaje

Luis Rico Chávez

4

Zoología botánica. Fotografía Luis Rico Chávez

Habitación

Hay días luminosos
días de caricias y de sueños.

Y hay otros, opacos, indiferentes,
en los que el tiempo arrojó
sus granos de olvido.

En los primeros habitamos
como en la casa de la vida.


Niebla

Apagamos la luz
para encender los sueños.

Erradicamos las pesadillas
y la única niebla que nos circunda
es el aliento de las memorias ardientes.


Tu piel

Nada se compara
a compartir este viaje contigo

Ni el canto de las nubes
cómplices del sol espía
agazapado tras las cortinas de la tarde

Ni el trazo de los pájaros
rayo colorido
en las verdes hojas del crepúsculo

Ni los minutos vividos
en la entraña de la memoria
como notas de gozo en un cuerpo sin fronteras

Nada se compara
a viajar por tu piel


Rutas blancas

Cada viaje es una geografía nueva:
atardeceres, mañanas, caminos y nuevos aires.

Cada viaje es un vértigo
en el que los rostros transitan
como una memoria fugaz
que borra su estela de recuerdo.

Por eso mi urgencia de registrar
tu andar a mi lado
por esas rutas blancas del ayer.


A cualquier parte

Dame un boleto a cualquier parte
no siempre el punto de llegada
vale el tiempo y los desvelos invertidos

El camino, andado sin prisas,
disfrutándolo paso a paso,
nos otorga el placer
para llegar al final de la ruta.


Nuevos sueños

Este viaje lo vivo como un sueño.

Tú y yo somos
figuras de aire
vapor denso
que se dispersa
con el sol primero.

Viajamos paso a paso
de la mano
sin tocar el suelo
pisando el polvo
que nos conduce
por nuevas sendas
hacia nuevos sueños.


Bajo las sábanas

Te miro perderte en la distancia.

No eres tú: es tu imagen
fundiéndose en el horizonte.

Tu silueta avanza
flotando sobre el fino polvo del sueño
internándose en el laberinto de mi inconsciente
donde me aguardas cada noche
ardiendo bajo las sábanas.


Reposo

Reposa tranquila
al pie de la cama.
Guarda en su entraña
las memorias
de un amor devoto.
Noches de luz y fuego
días de intensas
y fascinantes caminatas
de una vida desgranada
en recuerdos atesorados
como joyas invaluables
del almanaque del mundo:
reposa tranquila.

5

Jorge Ibargüengoitia

No les recomiendo la lectura de Jorge Ibargüengoitia en lugares públicos. A menos que quieran terminar en una casa de locos. Yo estuve a punto de ser recluido en un manicomio en cierta ocasión que se me ocurrió leer La ley de Herodes en un minibús. Me senté junto a una mujer madura y decente que, muy circunspecta, me cedió el paso al asiento de la ventanilla. No sabía lo que le esperaba. Comencé con una ligera sonrisa al imaginarme “los movimientos de la carne propios del caso” que se describen en el cuento “La mujer que no”. Emití después algunos sonidos guturales cuando la madre les frustra a los amantes la posibilidad de “aplacar sus más bajos instintos”.


¿Tienes algún comentario?

Nombre
Correo electrónico   
Asunto
Mensaje