Vísperas del 28 de enero

Luis Rico Chávez

2

Los libros perdidos. Fotografía Luis Rico Chávez

A Godi

I

Cuántas veces la vida
como un laberinto ciego
nos arroja a callejones oscuros
Cuál es la salida
lo sabremos después
del primer paso


II

La oscuridad
enciende fuegos sonoros
Mis oídos siguen los pasos
de un hilo tendido
por manos invisibles
que me llevarán
al final del laberinto


III

Recorro la oscuridad
guiado por un aroma nuevo
¿Qué piel emana ese bálsamo
que pone ojos en mis dedos?
Palpo muros húmedos y fríos
con la certeza de que al final
cruzaré la frontera de tu cuerpo


IV

Impulsado por el recuerdo
de una experiencia lejana
avanzo ciego, dando traspiés
débil, con el cuerpo vacío
El anhelo de un hambre
no saciada
mueve mis pies
por estos pasillos infinitos
Sé, sin embargo,
contra todo mal augurio
que al final tu cuerpo
colmará mi boca


V

Una niebla luminosa
comienza a borrar
el laberinto
Mis sentidos se distienden
porque intuyen tu proximidad
La lejanía derrumba
sus fronteras
y presiento el final
de mis afanes
¿Aquella luz difusa
es tu sonrisa?


VI

Atrás quedaron las sendas infinitas
las habitaciones oscuras y solitarias
No maté al Minotauro
ni Ariadna acudió
con el hilo redentor
Otros monstruos acecharon
y fue mi andar constante
guiado por tu brújula
el que los derrotó
Recorro las últimas sombras
y me dirijo a la luz de tus pasos


VII

Atrás quedó el laberinto
arribamos a puerto seguro
Ahora las rutas del mar
no serán noches solitarias
El amanecer me ofrecerá
hasta el fin de los tiempos
la aurora de tu cuerpo

Textos publicados en el número 17 de www.agora127.com.

3

Jorge Luis Borges

Aunque cause un poco de pena confesarlo, reconozco que raras veces tengo la oportunidad de abandonar el agujero libresco en que vivo recluido. Así que cuando recibo una invitación, como en días pasados, para charlar con un público cautivo, no desaprovecho la oportunidad. Mi entrañable amiga y cómplice Atzimba Mondragón me invitó a su “Abadía” de la Preparatoria 12 de la Universidad de Guadalajara, para hablar sobre Borges. Pretexto más que suficiente para matar varios pájaros de un tiro: en primer lugar, desempolvar una serie de extensas y añejas notas de un autor que cautiva a todo lector de respeto. Compartir la fascinación que una de las obras de mayor genio y brillante imaginación ha despertado en varias generaciones no sólo de lectores, sino también de creadores (aquéllos, a fin de cuentas, complemento necesario de éstos).


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