Poemas Selección

Arturo Accio

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Santuario El Rosario, Michoacán. Fotografía Luis Rico Chávez

Algo tirado

Mientras caminaba encontré un corazón,
recordé que yo hace mucho tuve uno
que me hizo sentir emociones que se fueron apagando,
al ver este otro en el suelo aún latiendo
no pude soportarlo,
sabía que muchos no se habían dado cuenta de que existía;
lo patearon como al mío,
lo escupieron,
lo dejaron agotado,
maltrecho,
agónico,
hasta que simplemente
fue imposible seguir cargando aquello
y lo mejor fue arrancarlo de una buena vez
sin importar un último dolor,
la curiosidad de saber si me quedaba era grade
pero recordé las noches junto al teléfono,
la almohada indiferente,
el insomnio recurrente,
y ya no quise volver a pasar por eso;
me alejé respetando el lugar donde estaba,
me sentí reconfortado al pensar
que alguien más anda por la ciudad por ahí sin tener uno.


Nunca te enamores

Terminó también por irse
importándole un comino
el haberme quebrado la nariz
con un despertador,
haberme dejado fuera
de mi propio departamento
cuantas veces quiso,
–y quiso seguido–.

En el bar me lo decían
cada que ella no me acompañaba:
–Nunca te enamores
de una mujer junto a una cerveza.
Los ignoré,
y ahora tengo el corazón roto,
ganas de verla
con sus tacones altos.

Le puedo perdonar todo
excepto haber dejado
mi despensa y refrigerador
por completo vacíos.


Cuando perdí la fe

Así que era viernes santo,
mi madre me llevó a casa de los abuelos
que tenían una figura gigante
de un agonizante Jesús en la cruz
con Magdalena llorando a los pies,
una escena digna para ponerse a pensar;
yo tenía nueve años,
en un momento
mientras jugaba en la sala
la figura se enganchó a mi ropa
y cayó contra el piso
haciéndose trizas;
a la abuela se le escaparon las lágrimas,
mi madre la acompañó
luego de ponerme una golpiza ejemplar,
después de eso yo también lloraba;
miré al abuelo sentado a lo lejos sin sus dos dedos
de la mano izquierda,
fumaba un cigarro sin filtro,
reía discretamente,
sabía que ese día perdí la fe para siempre.


Vagabundo de la oscuridad

Terminaré con la mirada perdida
en un sillón de un segundo piso,
mientras en la tele pasa una película
de los años veinte,
la piel pegada a los huesos
sin más ganas que ninguna;
sé que así tendrá que ser,
no espero ninguna recompensa
por lo que hice o dejé de hacer,
seré un vagabundo que la oscuridad reclama,
que no encontró la dicha
donde le dijeron que debería estar;
que verá transcurrir el tiempo
sentado en una prisión con la puerta abierta
donde a veces me acompaña un muerto.


La última

Cada que termino de escribir algo
me pregunto si podré volver a hacerlo,
sí aún me quedará veneno en las venas
y algo lamentable que decir,
algo poco comprensible
inútil,
pero desahogador.

No lo sé.

Mi musa demente
unas noches me ignora
para que sienta
la necesidad de tenerla
y viva lo más desdichado posible
por el tiempo que ella desee,
otras,
las mejores y menores de las veces
pasa a visitarme,
me pide que beba
un sorbo amargo de la agonía
emanada de sus labios
que la hace sonreír,
únicamente
para un par de momentos después
decir adiós.


Distancia segura

Todos al final esperan algo grande,
algo que les cambie la vida,
aunque lo único que nos espera es la muerte
que mira a través de unos binoculares
con una cerveza en la mano
y una bolsa de frituras
a una distancia segura.


Menos tú

Casi siempre empieza
con mirar demasiado el piso,
meter las manos en el pantalón,
ser el introvertido
de la esquina en el aula de clases.
-Tu madre lo sospecha desde el principio
pero no dice nada,
lo justifica con mil cosas.
-Sabiduría de ellas.
Naciste con algo terriblemente malo,
no lo entiendes bien,
al parecer lo saben y son respetuosos,
es peor que estar preso,
es igual a tener un estigma en la cara,
una marca que a los tres segundos te delata,
los psicólogos cuando se dan por vencidos
recetan pastillas,
los sacerdotes te absuelven
con un par de padres nuestros
mirándote incrédulos,
escuchas un cuchicheo permanente
cuando pasas cerca de la gente,
al parecer el mundo entero sabe lo que tienes,
todos,
todos lo saben, menos tú.

Accio

Arturo Accio

Poeta nacido en Guadalajara, egresado de la Preparatoria 2. Su blog da acceso a gran parte de su obra, que incluye títulos como Poesías negras, Poesías muertas, Bisturí, Vagabundo de la oscuridad, Mutilaciones espirituales, Insomnes de la penumbra. De su página (con autorización) se toma la muestra para esta sección.

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