Nervio náufrago de Laura Solórzano

Luis Rico Chávez

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Flores 18. Fotografía Luis Rico Chávez

Percibimos el mundo a través de los recuerdos. El pasado es una entidad vacía que sólo puede poblarse y existir cuando se recupera por algún medio. El mejor de éstos, sin duda, es la palabra escrita. Es con el lenguaje como los recuerdos, el pasado y nuestra existencia se vuelven un presente perpetuo.

Sobre esta premisa descansan los versos de Nervio náufrago, libro de Laura Solórzano. El título evoca los recuerdos, el pasado, como el espacio donde las pasiones y las emociones viajan a la deriva, sin brújula, navegando sin rumbo entre las memorias y los recuerdos de los seres queridos, de una infancia lejana.

Y esta trayectoria, aunque errática, difusa, se vuelve un presente vivo por el hechizo de la palabra, que convoca y actualiza los recuerdos para fijarlos en la memoria. Leemos: “Mi recuerdo levanta sus alas como sábanas que buscan resucitar”.

La vida se vuelve entonces un recuerdo, y la palabra el instrumento que permite su perdurabilidad: “Pregunto al poema por el pasado”. Así los recuerdos, la poesía, la palabra, se abren a un ámbito existencial que amalgama la esencia del ser (el antes, el ahora, el después): “Camina la conciencia por la pregunta”.

Pero el espacio que se evoca no es sólo el del individuo. Es decir, el individuo no existe, no vive en la soledad, sino en el contexto de la familia, del universo cotidiano que conforma su esencia. La vida también se vive a partir de recuerdos ajenos.

Los poemas presentan, por tanto, los recuerdos de personas, lugares, actos insignificantes que son los que conforman la existencia, la vida de todos los días, los instantes fugaces pero vitales que nos definen.

Y es la palabra (se insiste de manera constante en los versos) la que nos permite transitar, la que nos lleva en este vaivén de memorias, vivencias, instantes, personas y lugares recuperados: “¿Se puede preguntar a la poesía por la postura de la persona / y amar la dinamita del desorden en la duela del párrafo?”

Pero todo fenece. Somos testigos de pérdidas, separaciones, muertes que de la misma forma constituyen una sustancia fundamental de los recuerdos, y es el canto (la poesía, la palabra) lo que permite que esos recuerdos perduren. “¿Es una historia / el lugar donde paseo mi pensamiento con un prisma de palabras / y la razón se rompe?”

Es pues, la poesía de Laura Solórzano el espacio donde navegamos a la deriva, entre los recuerdos fugaces y los instantes perdidos de la memoria, recuperados por el testigo más fiel: la palabra.

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I can’t get no

Alex era fanático de los Rolling Stones. Sara odiaba esa parte oscura de su personalidad, y otras más, pero se lo callaba. El odio le venía desde el noviazgo, y se recrudeció cuando gastó todo el reparto de utilidades en el equipo de sonido (el año de la reforma fiscal, cuando el contador de la empresa no pudo hacer los ajustes para darnos nada más dos semanas de sueldo, como hacía nuestro tacaño patrón desde el origen de los tiempos), reparto que equivalía a lo que habíamos recibido en los últimos cinco años. Para esos tiempos, una fortuna, por lo que nuestra existencia, que giraba en torno al trabajo y al salario de hambre que ganábamos, se dividía en antes y después del aguinaldo.


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